EL VENENO DEL TEATRO

Un estupendo espectáculo sobre el poder, la simulación,  el miedo… Una fábula sencilla: el hombre poderoso ha descrito su muerte y obliga a un actor a representarla. Muchos temas en un corto deleite de fuerza interpretativa, con un buen texto y dos grandes actores. Delicioso.

El veneno del teatroEL VENENO DEL TEATRO

De Rodolf Sirera. Versión de J.M. Rodríguez Méndez.
Actúan Miguel Angel Solá y Daniel Freire.
Escenografía de Paco Azorín.
Iluminación de Juan Gomez Cornejo.
Dirige Mario Gas.
Producen Concha Busto, Sandra Avella , Blanca Oteyza y Miguel Angel Solá
 
 
El Veneno del Teatro

El Veneno del Teatro

Rodolf Sirera es autor de teatro y televisión, valenciano, académico de la lengua catalana, y reconocido guionista de la serie Amar en tiempos revueltos. Escribió este texto breve, e intenso, para televisión, cuando TVE producía teatro (1978). Este texto se ha traducido a muchos idiomas y es el más conocido del autor. Ahora dos magníficos actores (argentinos de origen) lo aprovechan para dar una lección de teatro. Del paseo de la producción por Argentina ha quedado la impronta del acento, los dos con habla argentina absolutamente natural, que despierta nuevos ecos en el espectador.

En el texto de Sirera, un marqués francés antes de la Revolución, siguiendo los debates ilustrados sobre la naturalidad y el artificio (Diderot, La Paradoja del Comediante), está dispuesto a someter a su actor preferido a un experimento único: representar con autenticidad la muerte de uno mismo, es más, no quiere la representación, quiere verla.

El Veneno del Teatro

Miguel Angel Solá y Daniel Freire

El poderoso (marqués) parte de la pregunta que se hacen todos los aficionados al teatro: ¿se puede actuar algo que no se conoce? ¿Se puede ser Otelo o Hamlet sin haber matado? ¿Puede un actor morir en escena sin haber muerto? ¿Cuál es la representación ideal? Lo curioso del planteamiento filosófico (platónico), la legitimidad de una interpretación teatral, ridiculizando toda imitación, es que obliga al actor a ensayar una actuación absolutamente naturalista, que nunca es suficiente.

Son varias las profundas reflexiones que se plantean al ver el espectáculo: ¿es honesto el arte que refleja las miserias de la vida, o debemos vivirlas? ¿Quién es el espectador y quién el autor, de nuestra propia vida? Desde el poder, con el reclamo del dinero, un solo espectador asiste a la mejor de las actuaciones, como en un guión de suspense (La Huella), o en  Familia de León de Aranoa.

La puesta en escena años 30 recoge un sabor especial a fascismos, donde no hay sangre azul, sino batalla de orgullos impuros; el espacio teatral está muy bien conseguido, es inquietante. La ampliación del fondo con sillas para los espectadores (una referencia a la cultura ilustrada de los salones) alivia el congestionado primer plano, y es muy buena la transformación de la lámpara en un foco candileja e interrogatorio a un tiempo. El inicio del espectáculo es especial, brillante, denota el peso interpretativo y la tensión.

En todo caso, criticaría el desarrollo plano de los personajes, que ni la adaptación del texto ni el director han vislumbrado, quizás absortos en el histrionismo de los actores. El personaje de Freire resulta desaprovechado: partiendo de la altivez para acabar en tortura, podía incorporar un desprecio hilarante hacia el inferior; digamos que hubiéramos agradecido verlo columpiarse en su arrogancia, para disfrutar más con la contención de Solá. El humor alimenta la crueldad, y no se lo han permitido apenas.

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2 respuestas a EL VENENO DEL TEATRO

  1. Dulcinea dijo:

    Coincido contigo en que los personajes quedaban planos, no tanto por un problema de interpretación como de narrativa. En una hora de espectáculo apenas logramos entender que uno es un asesino y el otro el asesinado sin mas profundidad que la de la muerte per se, lo cual eso si, es una magnífica excusa para un buen duelo interpretativo. Por lo demás un espectáculo bastante redondo y bien conducido. Recomendable.

  2. Daniel dijo:

    Solá es un portento de actor. Muy bien Freire. La obra queda en un acto de sadismo, es verdad. Habría mucha tela para cortar y coser y el autor se lo ha perdido. Pero el trabajo de ellos dos es notable para salvar las castañas. Y lo logran con notable.

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