MACBETH

Una maravillosa versión de Macbeth, que inaugura el año Verdi, en la que las brujas son el pueblo, y el pueblo clama contra los abusos de poder, obligado a entablar una guerra (¿desahuciado?) contra el dictador (un rey muy vulgar, casi un alcalde), sin que aparezca un solo soldado.

 ENSAYO DE LA OPERA MACBETH
MACBETH
Opera de Giuseppe Verdi.
Cantan en los principales papeles Violeta Urmana, Dimitris Tiliakos, Dmitry Ulyanov, Stefano Secco, Juan Manuel Cifuentes.
Orquesta y Coro titulares del Teatro Real (Coro Intermezzo)
Dirección musical de Teodor Currentzis, niño prodigio de orígen griego educado en Rusia.
Dirección escénica y escenografía de Dimitri Tcherniakov.
Producción de las operas de Novosibirsk, París y Madrid.
Teatro Real, diciembre 2012.
 

Leí que formaban el coro 200 cantantes; el pueblo actuaba asombrosamente bien, no en vano había entre ellos 43 especialistas y hasta un perro; el coro asomaba por los vomitorios de la orquesta ocultos en capas negras, y lanzaban sus voces a la par de los instrumentistas. El público operístico ovacionó a Urmana y a Stefano Secco, y no tanto a los rusos Tiliakos y Ulyanov, excesivamente pétreos a pesar de cantar arias en calzoncillos.

La escenificación jugaba con la imagen cinematográfica del Google-earth para alejarnos o acercarnos a la casa de Macbeth, con dos escenarios que se alternaban, el salón burgués y la plaza del pueblo, cálido y enmarcado como una pintura, fría e industrial la plaza del pueblo. Estaban mejor vestidos y eran más elegantes los ciudadanos que la monarquía pequeño burguesa, más identificables como alcaldes de capital de provincia.

La partitura de Verdi es oscura, bella y esquiva a la repetición melódica. Sorprende la riqueza expresiva (y la interpretación vivísima) de Lady Macbeth-Urmana, es un placer contemplar el trabajo conjunto del director de escena y la soprano, cuando el patético personaje de la Reina intenta entretener con vanos juegos de magia. Las imágenes ridículas de la doméstica pareja reinante las encuentro muy bellas. Esa ridiculización de las categorías morales han hecho carnaza en la mayor parte de la prensa madrileña, crítica hasta el insulto hacia el director Tcherniakov y hacia Mortier, que quiso esquivar los dardos con una frase muy poco acertada: este montaje es para gente inteligente.

Pero vuelvo a destacar el realce que los creadores de este espectáculo han dado al pueblo: coro y movimiento escénico son realmente notables, no recuerdo haber visto ese tratamiento dinámico y actoral del pueblo en una opera belcantista. Un bello espectáculo de buenos profesionales, donde todo tiene un sentido, todo elemento impulsa un concepto, y la música cantada por el coro impulsa una idea que los entendidos no subrayan, pero la partitura sí: el pueblo acata sumiso, hasta que se rebela.

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