CYRANO DE BERGERAC

Es un texto tan maravilloso, en verso limpio, una historia de amor tan bella, que da gusto verla, y apreciar el inmenso trabajo actoral de Pere Arquillué. La escenificación, juvenil y poética, resulta un tanto anticuada y nostálgica de los teatros guerrilleros, pero se ve con gusto y es muy recomendable para gente joven, los que ya están llenando la platea emocionados.

cyranoDe Edmond Rostand, estrenada en París en 1897.

El texto castellano es de Xavier Bru de Sala.
Actúan Pere Arquillué, Mata Betríu. Babou Cham, Jordi Figueras, Isaac Morera, Bernat Quintana, Andrea Portella, Cecilia Valencia, Ramón Vila, Pau Vinyals. La Compañía se llama La Perla 29.
Escenografía de Max Glaenzel.
Dirección escénica de Oriol Broggi.
Teatro Valle Inclán del CDN (Lavapiés), del 5 de diciembre al 6 de enero 2013.
 

cyrano-de-bergeracCyrano es una obra de teatro en verso que agrupa ideales románticos de patria y nobleza, que tuvo un enorme éxito desde la primera representación, y le dio fama y reconocimiento a su autor. El personaje central es un soldado poeta, tan noble y generoso como para dedicar cuerpo y espíritu al amor que sentía por su bella prima Roxana. Cyrano es feo, tímido como el autor (que de feo no tenía nada, pero de apocado mucho), y es capaz de entregar su poesía para que su amada ame, para que ame a otro hombre, el joven y apuesto Christian, incapaz de escribir una poema.

La historia transcurre en París, entre corrales de teatro y callejones siniestros, en la época de D’Artagnan y de Molière, claves que nos ofrece el autor de la versión, muy cercana a nosotros. Xavier Bru de Sala firma una estupenda versificación castellana de Cyrano, un texto que se escucha muy fácil y que tiene toda la poesía necesaria para este montaje juvenil y romántico.

Pere Arquillué es un conocido actor de cine y televisión, aquí hace un trabajo maravilloso, mucho más natural que ese mítico Flotats que flota en el imaginario de los creadores y que confiesan en los programas de mano. No es el animal humano que retrató muy bien Gerard Depardieu, pero tiene una ternura en la mirada y en el tacto maravillosas, mejores si hubiéramos tenido más luz para disfrutarlas.

La escenificación es un juego de baile entre el narigonas y la compañía, que gira y rebota moviendo cosas de un lado a otro. Los actores trabajan sin parar, representan tantos personajes (qué divertida la entrada de los ciudadanos en el teatro) que asombra su capacidad y la limpieza de gestos. No me gustó el estereotipo de la andaluza (o que sea gallega o vasca, hágase con cariño, que una buena andaluza da gusto oírla) pero lo suplen el pastelero el borracho, la prostituta y tantos otros personajes de comedia.

En el espectáculo echo en falta la pátina de fantasía, levemente apuntada, de una dirección un tanto obsesionada con mensajes sociales que no hacen falta, y carente de la poesía escénica que una compañía así debe explotar al máximo (el ejemplo de la luna de papel debiera extenderse a todos los juegos teatrales). Y más luz, por favor: si entramos en la convención teatral, a qué viene disimular nada.

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