LOS HIJOS SE HAN DORMIDO

Un reparto de actores televisivos para uno de los dramas naturalistas de referencia, trabajo de actores, del gusto de los actores, con resultado irregular. La versión es ágil, pero queda reducido a un par de reflexiones sobre el amor malogrado y la puerilidad de nuestros anhelos. El director ha abusado retitulando pretencioso un texto que no ha transformado, solo limado, y que ha escenificado con blandura aséptica. El conflicto generacional se come al conflicto social, olvidando que los que pierden, lo hacen  siempre.

 LOS HIJOS SE HAN DORMIDO

O La Gaviota de Antón Chejov en versión de Daniel Veronese.
El mismo Veronese firma la dirección escénica.
Actúan Malena Alterio, Malena Gutiérrez, Miguel Rellán, Susi Sanchez, Diego Martín, Pablo Rivero, Ginés García Millán, Alfonso Lara, Marina Salas.
Teatro Español- Naves de MATADERO, del 10 de octubre al 9 de diciembre 2012.

La Gaviota (escrita por el dramaturgo y médico ruso en 1896): Casona noble rusa donde se reúnen todos, señores y criados; Vieja actriz que se resiste a envejecer; escritor consagrado un tanto melifluo; el hijo de la actriz que sufre su desprecio y quiere ser escritor; una joven quiere ser actriz y vivir otra vida fuera del campo. Un primer tiempo para conocernos todos, y un encuentro años después, cuando la joven regresa miserable y derrotada. Este personaje se “arrastra” al final entre los campesinos, trabajando por la comida, quebrando la última ilusión del joven poeta, que se suicida.

La obra fracasó en su estreno, y revivió cuando Stanislavski la reestrenó, junto a Meyerhold, los dos en los papeles de escritores viejo y joven, en una de las noches más memoradas de la historia del teatro (29/XII/1898), cuando se inventó el célebre método (método stanislavski): una revolución contra la falsa teatralidad. Los actores no representan, sus personajes viven ante el público, la vida pasa de las risas y la comedia al conflicto más carnal, al drama de madre que no ama, e hijo que implora cariño; del aburrimiento y la nostalgia a la trágica muerte por suicidio. La nota simbolista (homenaje a los escritores manieristas) la pone una gaviota disecada, título de la pieza que el joven escritor representa y su madre desprecia.

En La Gaviota todos aman a quien no les corresponde, un error que el paso del tiempo no mitiga, la infelicidad permanece tan fresca como el amor errado, nadie cambia. El daño que se prodigan unos a otros es parejo al amor que se muestran, siempre el amado desprecia, y anhela el cariño de quien le desprecia a su vez. En la cúspide de la pirámide, los egoístas absolutos, las admiradas estrellas (actriz y escritor), precisamente los mismos nobles arruinados que concentran el poder en aquella Rusia zarista de Antón Chejov.

En este montaje no hay salto temporal, es un contínuo que refuerza la idea de la inmovilidad de los sentimientos. Tampoco hay señales de clase o de tarea laboral, forman todos una gran familia que se reúne en verano para hacer fiesta o jugar a la lotería.  Como si fueran conversaciones que se tienen cuando los niños se han dormido, una mezcla de resaca de fiesta, desahogo de los adultos, parte de bajas y ajuste de cuentas.

Susi Sanchez está perfecta en el papel, una estupenda actriz con registros sorprendentes. Junto a ella, los más convincentes trabajos actorales los hacen Malena Alterio, Malena Gutiérrez, Miguel Rellán, Alfonso Lara (Qué buen capataz tan cercano al Lopachin del Jardín de los Cerezos) y Diego Martín (con una contención patética muy hermosa de ver). Los jóvenes acusan su juventud y desconocimiento del registro dramático: a Pablo Rivero le sobran aplomo y palabras, y Marina Salas destroza la intensidad dramática intentando emocionarse ella.

El conflicto generacional de los que impiden el desarrollo de los jóvenes, porque ocupan espacios contados de élite artística, queda ahogado por la dinámica de los amores malogrados. El texto de Chejov se convierte en una comedia romántica. La chica que pretende ser actriz (vivir libre) y que es vapuleada y destrozada por la sociedad como un trapo de cocina, acaba demostrando que ningún sueño de libertad individual es posible. Pero eso a Veronese no le interesa: le interesa la poesía de los actores buscando la realización personal, cuando se han dormido los niños.

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3 respuestas a LOS HIJOS SE HAN DORMIDO

  1. María dijo:

    Gracias Jon,
    ¡Qué placer leer tus críticas!

  2. Bego dijo:

    A Anibal Soto, gran actor, no le mencionas

  3. eva dijo:

    Me ha encantado tu crítica. Opino exactamente lo mismo.
    Yo, el tiro final, se lo habría pegado a Marina Salas por destrozarme los ultimos veinte minutos de la obra.
    Y Pablo Rivero… Inexplicable.

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