HAMLET

Una buena versión del texto, con un actor que protagoniza la producción, excesivo en su amaneramiento de la locura juvenil, y con un elenco de estrellas que no acaban de encajar en este espectáculo. Han intentado decir algo sobre el drama político-económico de España, invitando a Hamlet a interpretar Ubú Rey con personajes de la Opera de tres peniques. Todos nos quedamos un tanto descolocados, y la propuesta, poco clara o a mitad de camino

HAMLET, de Will Shakespeare.
Versión de María Fernandez Ache.
Dirección de Will Keen.
Actúan Alberto San Juan, Pedro Casablanc, Antonio Gil, Yolanda Vázquez, Ana Villa, Secun de la Rosa, Pau Roca y Pablo Messiez.
Matadero de Madrid, del 8 de junio al 29 de julio de 2012.
 
 

Hamlet es un príncipe al que todos toman por lánguido intelectual, que cuando su tío mata al padre y se casa con su madre, enloquece y hace saltar por los aires los resortes de poder y origina una espiral de muerte, en la que solo queda vivo un militar que pasaba por allí.

Cada vez que un director o directora monta esta obra, decide si el protagonista está loco o es un cínico que utiliza la locura para desenmascarar la mentira y hacer justicia, o para vengarse.

Si la locura es una telaraña en la que atrapa a todos, se acerca a los Hamlet ingleses, donde el propio príncipe se hace consciente de su desequilibrio e involuntariamente se ve arrastrado por los acontecimientos hacia el desenlace trágico. Si la locura es una estrategia, Hamlet es un cínico, manipula a todo el mundo, y seguramente busca una venganza personal. Este violento orgulloso dio pié al Hamlet que interpretó Mel Gibson en una película de Franco Zefirelli, un tipo muy fascista que quemaba libros.

No está claro dónde se situaba el personaje de Alberto San Juan, que hace un Hamlet en unas ocasiones humanista y amable, rodeado de ingenuos, y en otras, justiciero y cínico, con tics esquizoides.

Si la intención de la escenificación es desmontar una monarquía que usa la mentira como arma de poder, deberíamos ver ese poder, y la monarquía debiera ser más cercana a las que nos gobiernan en la realidad. En su lugar tenemos un rey que parece más bien un constructor de pueblo, una reina que parece una alcaldesa, un canciller tontorrón metepatas y una chica con problemas como Ofelia. En ese panorama de barrio, Hamlet es (sería) un chico sencillo, un poeta consciente, una víctima.

Los personajes de esta producción son más propios de La Opera de tres peniques, de Bertolt Brecht (una opera deliciosa a la que puso música Kurt Weil), que recrea una lucha de poder entre mafiosos y ladrones, con prostitutas como reinas, en los barrios bajos. Aquí encontramos un Hamlet “indignado”, un bondadoso justiciero que saluda con cariño a los criados y no menosprecia a los pobres. Pero claro, ese personaje no  tendría que volverse loco, ni manipular ni ajusticiar como lo hace nuestro protagonista.

Vimos un espectáculo muy oscuro, donde no han aclarado los conceptos, donde los actores están bastante perdidos en un corre-corre contínuo, y donde el actor protagonista quiere repetir el hito de Marat-Sade (donde la locura y la política están estructuradas en el texto) evitando ser un príncipe, porque ser príncipe requiere ser responsable de las injusticias, y el personaje de Alberto San Juan no quiere ser responsable de nada, quiere que todos le quieran. Así lo refleja la viñeta de Máximo en el programa de mano, un niño que quiere ser príncipe para hacer filosofía. Se le ha olvidado que no hay príncipes sin guerra.

Disquisiciones conceptuales aparte, ir a ver Hamlet al Matadero es la oportunidad de escuchar un texto muy bueno, en pocas ocasiones una adaptación teatral de lengua extranjera tiene tanta relevancia. Vayan ustedes a verlo, y comenten la jugada.

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Una respuesta a HAMLET

  1. Remedios dijo:

    Yo no habría podido expresar mejor lo que sentí viendo este Hamlet que como lo hace Sarasti en esta crítica. Nunca había tenido la oportunidad de ver un texto de Shakespeare representado y el texto es magnífico, pero sufrí una gran desilusión pues había puesto grandes espectativas en este montaje protagonizado por San Juan. Me sentí insultada cuando el enterrador dice su texto con acento andaluz o extremeño, no entendí el guiño. La próxima vez me lo pienso.

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