CAN WE TALK ABOUT THIS?

 
 
CAN WE TALK ABOUT THIS?
DV8 PHYSICAL THEATRE
 
Concepto y dirección de Lloyd Newson.
Interpretes (y creadores): Joy Constantinides, Lee Davern, Kim-Jomi Fisher, Ermira Goro, Hannes Langolf, Samir M’Kirech, Christina May, Seeta Patel, Anwar Russell, Ira Mandela Shioban.
Coproducción festival de Otoño de Paris, Teatro Nacional de Gran Bretaña yla DansensHusde Estocolmo.
Festival de Otoño en Primavera de Madrid, Teatros del Canal, 31 de mayo al 3 de junio de 2012.

 Ha sido lo mejor del Festival, (sin menospreciar Master and Margarita de Complicité), y desde luego ha sido el mejor espectáculo de danza contemporánea que he visto en varios años. Danza, política, denuncia y una profunda humanidad. Doy las gracias a DV8 y les rindo homenaje admirado por su valentía, coraje y sentido ético. Una gran lección.

 …Y la respuesta al porqué nos aburrimos tantas veces viendo espectáculos hermosos. DV8 llevan veinte años componiendo movimientos desde lo incorrecto, lo sórdido o lo bello: deseos sexuales reprimidos, violencia, danza con mutilados, con paralíticos que dominan el cuerpo y el gesto con asombrosa plasticidad.

 Ahora nos han traído un espectáculo de denuncia política: por temor a la violencia mundializada, se han permitido islas de poder y de justicia no legales entre la población musulmana inglesa y europea. Estas islas ilegales permiten la esclavización familiar de mujeres casadas forzosas, la condena a muerte y la ejecución de los que cuestionan cualquier limitación de la Sharía o ley coránica, o incluso de aquellos musulmanes que cuestionan la legitimidad de los Imanes saudíes para establecer cuál es la voluntad de Dios (y la libertad de las personas).

 Hubo un espectador indignado que se levantó, gritó “¡Ya está bien, se olvida todo lo bueno que tiene el Islam!”, y salió de la sala dejando las puertas abiertas. No es verdad, aquí nadie olvida nada. En la calle me habían comentado que el espectáculo atacaba a los musulmanes. Nada de eso, pobrecitos, y pobrecitas ellas. Esta guerra nada tiene que ver con la religión.

 “¿Cómo ha apoyado Occidente a las voces musulmanas progresistas que quieren una versión moderada y moderna del Islam, que buscan la igualdad para las mujeres y los homosexuales y promulgan la tolerancia hacia otros tipos de fe? Si nosotros no podemos o no queremos discutir aspectos de las religiones que son opresivos, del mismo modo que discutimos sobre asuntos seculares, ¿cómo puede una sociedad desarrollarse?” (Lloyd Newson, coreógrafo)

En el espectáculo se habla de perseguidos con nombre propio, asesinados, expatriados, y miles de mujeres suicidas y encarceladas en sus casas, en el mismo Reino Unido y en Europa. Los personajes son periodistas, políticos británicos que respetan los poderes musulmanes de distrito, profesores de universidad (ingleses y musulmanes), deportistas (hombres y mujeres), artistas.

 Hay comparecencias en televisión, congresos, confesiones en una esquina, amables té de la tarde: en todas estas escenas el cuerpo refleja la tensión y la violencia interna, la soledad de individuos abandonados por unos poderes públicos que miran hacia otro lado, por miedo, por cuotas de poder electoral, o por el peso económico del petróleo saudí. No hay solución feliz, la denuncia está hecha, se acusa al amable multiculturalismo de hipocresía y de doblez con el crimen.

 Esta denuncia golpea el oído del espectador, hablada a viva voz por los bailarines, que no paran de moverse con perfección (y “asombrosa plasticidad”, repito). Los movimientos compulsivos y reiterados, amplifican gestos de vigilancia, de sospecha, de ambigüedad, disimulo; con miedo, con angustia, perplejidad y con silencio. No es una coreografía casual, añadida a un discurso ajeno, son movimientos que remiten a lo cotidiano, a una cierta normalidad, a una apariencia de normalidad. No hay violencia expresa, pero las relaciones implican tensión, persecución, tortura interior, amenaza.

 Los bailarines son asombrosos y sus voces están perfectamente moduladas. El trabajo que hay detrás y la limpieza del guión me llevan a considerar éste el mejor espectáculo de danza contemporánea que he visto en años. Pina Baush lo hubiera ovacionado, como hizo el público de Madrid.

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