PERSEFONE

PERSÉFONE-VARIACIONES MORTALES
COMEDIANTS
Teatro María Guerrero. Centro Dramático Nacional.
Del 1 de noviembre al 4 de diciembre de 2011.

UN JUGUETE MUSICAL PARA ADULTOS ALGO HUECO

Un espectáculo muy bonito, un cuento para adultos sobre la fábula mitológica de Perséfone, hija de Zeus y Deméter (o sea hija del dios supremo del Olimpo griego y de la diosa Tierra) y esposa de Hades (señor de los infiernos). Ella es una bella semidiosa raptada y convertida en reina del inframundo, muerte e invierno a la vez. Ella es alegre, pero cuando le toca (seis meses al año), se convierte en la caprichosa y feroz muerte.

El espectáculo es muy visual: grandes animaciones proyectadas y grandes máscaras de pantomima que recrean lo que supone la muerte para nosotros. La gran máscara, una adaptación moderna del cabezudo español, oculta al intérprete, que gesticula con todo el cuerpo. Todo el sabor de los espectáculos de Comediants, famosos por sus cabalgatas y shows callejeros, se centra en el minucioso trabajo coreográfico y gestual de las máscaras, que no paran de cantar y moverse ni un momento. La gran máscara es el territorio donde Comediants tiene un patrimonio iconográfico: recordamos imágenes teatrales que han dado la vuelta al mundo, de la Cabalgata de la Expo de Sevilla, la Ceremonia de Clausura de las olimpiadas de Barcelona, los Dimonis o la Flauta Mágica.

No es una máscara la protagonista, Perséfone. La semidiosa es guapa, su tío la desea y con la complicidad clandestina del padre, la rapta y se la lleva al inframundo. A este episodio pertenece la primera aparición de Àngels Gonyalons, cantando una maravillosa bosanova, cuando baja por la escalera de caracol desde el telar del teatro. El rapto es lamentado por la madre de la chica, nada menos que la madre Tierra, y esta señora se lanza a buscar a su hija abandonando el Olimpo y descuidando la agricultura, en un periodo triste y frío que ahora llamamos invierno. En invierno parecen abundar las muertes, las máscaras representan la muerte de un señor empresario que deja testamento con muchos beneficiarios menos uno: su hijo que no le quería.

Mientras tanto, Perséfone Gonyalons se convierte en un personaje de cabaret que canta, baila y recita con mucha elegancia y profesionalidad. En el infierno prueba la fruta prohibida, una granada dulce y sangrante, una acción que la transforma en mujer adulta y con la que ya no puede volver atrás. Los (máscaras) familiares del industrial reclaman de Perséfone algunos reajustes: la viuda se quiere morir y el hijo revivir al muerto (para rehacer testamento). En otro momento, las máscaras son dos suicidas que se encuentran y en lugar de matarse comienzan una relación amorosa. Pero la muerte es caprichosa, y cuando menos se la espera, mata a los amantes en su luna de miel. Mientras tanto, un preso del corredor de la muerte sigue esperando.

Después de un repaso por diferentes ceremonias de la muerte, finalmente parece que el tiempo pasa y vuelve a la superficie la primavera, la madre reclama a su hija y se acaba el invierno. Decimos adiós sin emoción. Nos hubiera gustado aplaudir entusiasmados, pero nos quedamos fríos. Con una sensación extraña, que no tuvo que ver con la escenificación, muy meritoria, de los máscaras, cuatro excelentes cantantes y acróbatas que hacían un trabajo francamente admirable: Jordi Llordella, Laia Oliveras, Laia Piró y Marc Pujol. Tuvo que ver con el guión del espectáculo, con una estética fría, a la que le faltaba teatro, la palabra. Voy por partes.

Es sorprendente la gran producción de imágenes que se proyectan sobre las pantallas, un bonito juego de tramoyas y proyecciones, efectista por bien sincronizado: las puertas arquitectónicas se abren y la perspectiva impacta al espectador.

Un músico formidable compone toda la banda sonora, Ramón Calduch, presente en el escenario, donde se reserva el toque de gracia en directo. Toca en escena contrabajo, guitarra, bajo eléctrico, teclados, batería, percusión, vibráfonos cristalinos y maquinaria teatral. Un hombre muy elegante que acompaña a la Gonyalons con mirada atenta, pone voces, canta, y parece el director de todo esto. Calduch ha compuesto las canciones, destacan dos: la bosanova con la que la protagonista baja a los infiernos, deliciosa; y la canción de cabaret berlinés (Kurt Weill) que canta la identidad de Perséfone y se convierte en el tema principal.

Pero el guión falla, no va más allá de la recreación del mito, es meramente estético, incluyendo en lo estético el trabajo musical. Traiciona las mismas claves de sarcasmo que se planteaban desde el comienzo; en las máscaras y en la modernización de los temas de la muerte hay implícita una distancia, una broma sobre lo que nos atemoriza, un sarcasmo muy del gusto de los clásicos, que Font y los guionistas han bordeado pero no han abordado con generosidad. Y nosotros, los espectadores mortales, nos aburrimos. Si en escena aparecen los bichos que se comen la carne putrefacta, los herederos avariciosos, las imágenes sexuales que atormentan el sueño, las ambiciones y las miserias en clave de broma, qué les costaba reírse con el lenguaje de los ridículos mortales. El texto es feo, corto, aburrido, las escenas no se resuelven con gracia, la gracia queda en imagen, y el espectador se aburre.

Está bien recuperar el mito clásico, acercar al espectador un mundo de metáforas que se ha transmitido a la religión cristiana casi literalmente y que casi todos teníamos olvidado. Pero la protagonista no tiene un discurso, un desarrollo del personaje, cuando la interpelan los mortales se queda muda. Eso sí, canta y baila como una reina.

Porque lo que hemos visto en el Teatro María Guerrero es un espectáculo de gran calidad, bello y poético, muy puro y elegante modernizando el teatro clásico, pero irritantemente neutro (y aburrido) en la literatura.

Jon Sarasti, Madrid, 2 de noviembre de 2011.

PERSÉFONE-Variaciones mortales
Compañía: Comediants.
Creación y dirección: Joan Font.
Guión: Bernadet, Font, Ibáñez Monroy, Seguí.
Composición musical: Ramón Calduch
Reparto: Àngels Gonyalons, Jordi Llordera, Laia Oliveras, Laia Piró, Marc Pujol, Ramón Calduch.
Director de arte: Jordi Bulbena.
Coreógrafa: Montse Colomé.
Iluminación: Albert Faura.
Máscaras: Lluis Travería y La Vinya.
Vestuario: Elisa Echegaray y La Vinya.
Producen: Comediants, Gobierno de España España-Rusia 2011, Teatre Lliure, Generalitat de Catalunya, Chekhov International Theatre Festival, Teatre Joventut de L’Hospitalet, Teatre Auditori de Sant Cugat, Festival Porta Ferrada Sant Felíu Guixols.

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